El conde de Monte-Cristo

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Dos meses, han pasado de mi boda y aun sigo “acarreando” pedazos míos a mi nuevo hogar. Es un desprendimiento por de más nutrido; sentimientos, signos, ideas, recuerdos y sobre todo esperanzas, ilusiones y anhelos. Es el tipo de cosas que solo entiendo porque lo estoy viviendo. Compre un par de cajas de plástico para proteger mis tesoros de papel; mis libros. No fueron suficientes, mi hermano me prestó una tercera para que cupieran todos. Yo, solo, los fui colocando dentro. Sentía las pastas, la textura de sus hojas y hasta ese bendito aroma de libro; no solo eso, también venían a mi mente imágenes de mi propia vida en el momento de leer esos textos, sensaciones de cómo me sentía y de lo que me hicieron sentir. Casi todos me han regalado una carcajada de loco,porque me reí solo, y algunos lágrimas tristes, grandes y pesadas. Recuerdo a cada uno de ellos, me encantaría decir que recuerdo todo lo que me dijeron pero eso sería mentira y lo veo como una bendición, pues, me deja la ilusión de algún día volverlos a leer. Hoy, me doy cuenta que conforme pasan los años también varía mi gusto por nombrar a mis cinco favoritos; llegan nuevos, vivencias diferentes y percepciones reorganizadas, sin embargo, hay dos que nunca cambian de posición. Podría decir que la novela es una representación de la realidad o que al menos es una de las cosas que me llaman la atención de ese género literario, son como las matemáticas que representan algo real o como las fotografías, nunca serán la vida misma pero se le parecen mucho y así viví “El Conde de Monte-Cristo” de Alejandro Dumas. Cada que puedo lo recomiendo, me encanto de principio a fin. Mientras mas leía más quería, una intriga en mi cuerpo me recorría día a día, aun mientras recorría con mi vista las letras y no se diga cuando me despedía hasta el día siguiente. Alejandro  Dumas se caracterizo por tener en la narrativa un talento especial, es un grande de la literatura, tan grande que se dice que fue el novelista más leído de su tiempo, un francés ricachón que además era polémico para su época; gustaba de dar banquetes y fiestas en su residencia.

Ideó esta novela en uno de sus viajes con un colaborador suyo en 1843, al parecer tenía un equipo de trabajo y no por ello podemos demeritarlo; quién demerita al mariscal de campo en partido de futbol americano; tenía un particular punto de vista para la novela, decía, que debía ser contada primero por lo interesante aun antes de presentar a los personajes. En aquellos años la novela fue presentada en partes en Le Journal des Débats, hoy creo hasta en “PDF” la encontramos en la red sin la necesidad de esperar que le sucedía a Edmundo Dantés, no imagino a la desesperación de la gente cuando leía capítulos enteros sin siquiera mencionar su nombre, preguntándose ¿Qué interesan estas albaricoques en la trama? Y ver al final como cada uno de esos bloques gigantescos de dudas van cayendo uno a uno en el desenlace. Quiero pensar que la vida tiene un don para poner cada cosa en su lugar a su debido tiempo. Los invito a tomar la aventura de seguir a Edmundo, Mercedes y Danglars, su vida y ustedes sabrán cuando…

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