Caballo de Troya. Jerusalén

Miércoles, 08 de enero de 2014.Santa Catarina, N.L., por Marcos Nahum

Jerusalén

Tendría unos diecisiete años cuando regresábamos de la universidad un amigo y yo a bordo de un autobús. Teníamos días de haber ingresado a diferentes facultades dentro del mismo campus, así que nos animaba mucho toparnos y coincidir en la ruta de retorno. Me compartió una de las frases que más he escuchado desde entonces acerca de un libro que no pude leer hasta varios años después.

Por ese entonces, según yo, no gozaba del hábito de la lectura pero él sí; y después de ponernos al tanto de nuestras impresiones universitarias comenzó por compartirme lo que leía. — ¿Tú crees que se pueda regresar en el tiempo?— me pregunto. No sé, fue mi respuesta ambigua. Me dijo que según el libro, en un experimento gringo de 1973, lograron realizar esa hazaña; de hecho se propusieron tres momentos clave en las historia para presenciarlos, seleccionaron uno; que en la ejecución se elaboro un artefacto que sería algo así como una máquina del tiempo a la que llamaban “cuna”. Todo eso, claro está, realizado en total hermetismo y secreto. Tal es el alcance del texto, que además, menciona de manera “científica” o sea, el método y los patrones en que se basaron para hacer los cálculos, la maquina y el viaje. De manera misteriosa esta información llego al escritor quien, también narra las peripecias de cómo recabo la información atreves de acertijos que fue recogiendo y desmarañando. Al final, textos en papiros, detallan lo que encontraron en el viaje.

Con tecnología que apenas en nuestros días surge al mercado común, un soldado sale de la “cuna” para recabar datos que un compañero recopila, apoya y procesa dentro de ella. Están en Jerusalén, en el año treinta, después de Cristo; la misión: presenciar la muerte de Jesús. Caballo de Troya. Jerusalén, sería el primer tomo de una saga de libros que siguieron editándose después. Su autor, el periodista español  J.J. Benítez asegura que todo es real.

El soldado convivió con Jesús los últimos días de su vida, así como a la gente allegada; presencio su estilo de vida y los pasajes evangélicos, los cuales en ocasiones refuta, en otras los matiza y confirma en otras más. Un episodio donde le toma medidas a su cuerpo, aun lo recuerdo frescamente en mi memoria. El libro, después de leer “el rollo” de los cálculos y los papiros es sumamente ameno y elocuente.

Casi al llegar a su destino, mi amigo se despidió diciéndome: sí tu fe es débil, no te recomiendo el libro, puede moverte todos tus cimientos. Frase, que como dije, la he escuchado varias veces después. Lo flamante de la lectura, es que un mismo texto puede ser percibido de formas increíblemente diferentes para cada persona, lo fue para mí en gran manera, sin embargo, transmito la frase, pues, en muchas ocasiones la magia que envuelve al libro complementa la historia.

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