Tenochtitlán en una isla

Lunes, 20 de enero de 2014. Por Marcos Nahum

Me gusta mucho mencionar mi caso a la hora de promover la lectura. Leí un libro y en base al gran gusto que despertó en mí esa novela, seguí buscando temas relacionados. También obras del mismo autor y poco a poco, muy lentamente fui expandiéndome a otros temas. Creo que un libro es un contacto entre el ser humano y la humanidad. Cada quien goza de ciertos temas de interés y seguramente hay un libro que habla de eso, pienso que en base a ese gusto uno podría elegir el tipo de libros que puedan provocar el placer de leer y entonces, luego un habito a la lectura.

facsimilar fachada

La búsqueda se convierte en parte del mismo habito de leer, la emoción de encontrar piezas que otros autores hablan en sus obras. He llegado a tener libros que en buscarlos y encontrarlos han pasado años, así que cuando los tengo en las manos parezco niño con juguete nuevo. Sin proponérmelo me convertí en un “buscador de tesoros”, algo así como un gambusino o un forastero que entra a una librería con cara de “no me vean porque me enojo” y mi una pistola al cinto. Las librerías no siempre son un territorio amigable, en ocasiones me tope con “maleantes sabelotodo” con más ganas de presumir sus conocimientos que a ayudarme a encontrar lo que buscaba, claro, lo opuesto también viví, gente que más parecían gurús de la literatura que no solo intentaban ayudarme si no que me aportaban “hechizos, amuletos y contra-hechizos” en mi aventura por el trepidante mundo de la literatura.

Así, en una librería que ya no existe más, una tarde-noche de esas que son complicadas de definir por el llamado “horario de verano” donde las ocho p.m. traen un sol que pica en la nuca, entre a sus instalaciones del centro de monterrey, más persuadido por el letrero en cartulina fosforescente con el emblema que por ese entonces era casi mi himno de guerra: “Remate, libros en barata”. En una mesa, recostados unos y otros en pleno piso hacían una columna. Entre ellos: Tenochtitlán en una Isla de Ignacio Bernal. Un texto rico, suave y nutritivo, elocuentemente. Me hablo desde los orígenes de las civilizaciones en México, pasando por el maravilloso misterio de Teotihuacán, hasta los mexicas, todo eso de una forma sencilla, práctica y sin tanto rollo. Fue sencillo apreciar las culturas en base al tiempo y espacio, lo que hacía una compresión más dinámica y eso que yo soy de cabeza muy dura. Fue una gran joya. Un hallazgo impresionante… de hecho mucho hay que decir de ese libro y de la misma aventura, pero creo que con lo dicho es suficiente, es justo aprender a decir o tomar solo lo necesario, en esas ando; además, luego qué mas cuento después jajaja…

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