El código Da Vinci

Me senté en el sofá y encendí el televisor. Comencé a cambiar de canal. Todo en automático. La figura de la famosa pintura de Leonardo Da Vinci titulada “La última cena” me llamo la atención y deje de presionar los botones del control remoto.

250555945_cdf49db3ebEra un programa de televisión dedicado a un libro que, en ese momento, causaba mucho revuelo en el mundo. Un Texto que a opinión de los especialistas era una maniobra muy tergiversada de la realidad hecha por el autor de la obra: Dan Brown. La historia narra las aventuras de un profesor de simbología, Robert Langdon, quien se ve involucrado en un asesinato realizado en el mismísimo museo de Louvre, uno de los recitos artísticos más importantes del mundo. Desentrañar el móvil y los autores del homicidio es solo uno de los misterios que van cautivando al lector en la obra. Poco a poco se van descubriendo pistas y acertijos que al mismo tiempo unen sociedades secretas, personalidades de la política, religión y el arte. El profesor Langdon tiene que hacer uso no solo de sus conocimientos si no de una agudeza mental para salir de cada embrollo en forma de claves antiguas, artefactos o códigos medievales, que en determinado momento llegan a poner en peligro su propia vida.

Los libros se unen a la vida diaria. Así una obra leída en tres días o a lo largo de un mes no tiene el mismo efecto en el lector, tampoco si él mismo tiene o no tal o cual preferencia o inclinaciones hacia lo espiritual, etc. cada obra tiene un impacto personal en cada lector como cada nuevo día. En ese programa hacían hincapié en el titulo del Texto: El código Da Vinci. Expertos en arte, religiosos, historiadores medievales y escritores criticaban, refutaban o ensalzaban la historia, me pareció divertidísimo escuchar preguntas que nunca me pasaron por la cabeza al leer el libro que acababa de terminar pocos días antes; ver las imágenes de las obras de arte que mencionan en la trama o de las calles donde se desenvolvieron las acciones, me parecía sumamente vivificante, no se diga cuanto tuve la oportunidad de visitarlas, el impacto es vértigo.

Años después, produjeron una película con el actor Tom Hanks como el profesor Langdon, filme que se apego considerablemente a las acciones literarias, al menos a mí, me gusto más leerlo; quizá fue que la película dura menos de las dos horas y que el libro lo cargue más tiempo, lo que sí sé es que leerlo cambia la vida, como todos y cada uno de los libros que he tenido el placer de leer.

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