La pascua del Señor II

Desde muy joven estuve ligado a grupos religiosos, por ejemplo de niño en el coro de la iglesia y más adelante en grupos juveniles. Por ese entonces, el párroco nos juntaba unas tres o cuatro veces por año a todos los grupos para informarnos acerca de algunos temas de interés. En una de esas juntas, en el auditorio parroquial nos informaba que el “Viacrucis viviente” por falta de personal no se realizaría en ese año. Hoy que lo pienso, apartir de allí mi vida cambio…

Levante mi mano y me propuse para dirigirlo por esa ocasión. Y me aceptaron. No tenía ni experiencia, ni conocimiento y mucho menos “el personal” para tal obra. Si acaso recordaba que en una ocasión me abrí paso entre los curiosos para ver muchos años atrás como un joven vestido de harapos cargaba una cruz de madera y otros haciendo el papel de romanos o judíos.

Pasaba el tiempo y un terror me inundaba las entrañas. — ¿Qué hago?—me preguntaba sin respuesta. Así que empecé a preguntarle a la gente y las respuestas llovieron, luego escogía las que me agradaban o que me al menos me parecían practicas, poco a poco encontré lo determinante que significa observar la fuente de la información y así llegue a la biblia misma y aun libro de poco menos de doscientas hojas titulado: La pascua del Señor II.

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Fue de los primeros libros que leí completito antes de que descubriera el hábito de la lectura. Lo cargaba a todas partes. Lo leía y lo releía porque no le entendía muy bien y no es que el libro fuera difícil, si no que Salvador Carrillo Alday, el autor, desmenuza los últimos acontecimientos de la vida de Jesús, según los cuatro evangelios, el detalle es que cada evangelista describe las cosas con su propia visión, así uno considera más relevante algunas cosas y otro no. Cada página me parecía más interesante, pues, también estaban datos que en la actualidad podrían dar un mejor panorama de lo que en ese entonces se vivía. Cada capítulo abordaba los acontecimientos  divididos en actos, así se repasaban los evangelios con aportaciones históricas o arqueológicas, me parecía muy nutritivo.

Recibí mucha ayuda para elaborar todo el trabajo, fue una experiencia que como dije, marco mi vida. Pues, los libros empezaron a parecerme una interesante fuente de entretenimiento, conocimiento y conexión de lo que tenía en mi interior con el exterior. Conectar con la gente me parecía sumamente emocionante, aunque no pensaran igual que yo, de hecho eso me agudizaba más, aunque no siempre era grato. Hoy a la distancia veo que seguramente allí mi amor a las letras empezó a echar raíces.

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