16 Cuentos Latinoamericanos

A un lado de la facultad de contaduría, se encuentran la de trabajo social y filosofía y letras. Por el pasillo que las dividía había puestecitos de fritangas con las más deliciosas, suculentas y sabrosas papas fritas, bañadas con una salsa tan cautivadora que aun hoy si tengo la oportunidad iría por mi dotación de frituras.

8263158573_a105024474La cafetería de trabajo social gozaba de una fama apetitosa, lo digo porque para todos era bien sabido que las mejores comidas se preparaban allí, además que eran accesibles y rápidas para servir. En una ocasión después de darme mi buen atracón de comida, me di cuenta que había personas vendiendo aretes hechos a mano, pulseras y otros ornamentos, y al principio de la fila de comerciantes un joven vendiendo libros. Me intereso la mezcla de productos y fui a curiosear; de inmediato el libro de Azteca de Gary Jennins llamo mi atención, lo acababa de terminar de leerlo y lo preste, ya no me lo regresaron y quería tenerlo a como diera lugar. Al joven le dije que si podía separármelo o pagárselo en abonos y aceptó. El libro estaba usado pero en excelentes condiciones. Desde allí tenía yo el deseo de conservar y cuidar todos los libros que pudiera leer, me imaginaba en un cuarto tapizado de libros. Así, varias veces llegue con él a darle un abonito, hasta que lo termine de pagar, luego le compre otros libros, todos con el tema historia prehispánica de México, algunos los empecé y no los pude terminar, estaban durísimos de masticar (metafóricamente hablando, ja ja ja). Pasaron muchos años y muchas calles para volver a ver a ese joven ahora en un puesto de venta de libros usados en la calle Guerrero en el centro de Monterrey, a varios locales de la calle Washington. Mi hermana me llevo a esa calle porque estaba terco en encontrar un libro que ya no vendían, pensamos que en los libros usados podría estar, esa calle tiene muchos puestos. El joven apenas y me conoció, pero yo a él lo reconocí rápidamente, y más, porque recordé el tipo de libros que vendía anteriormente: todos en buen estado, muy bien seleccionados y bien ordenados. No encontré el ejemplar que buscaba, pero me compre otro: “16 cuentos Latinoamericanos”.

Allí por primera vez, leí a Augusto Monterroso, Mario Benedetti, José Emilio Pacheco, etc. Cuenta con dieciséis autores de Latinoamérica, cada uno con un cuento como dice el título: Julio Cortázar, Gabriel Garcia Márquez, Oscar Cerruto, de este recuerdo muy bien el texto titulado: El circulo, entre otros autores.  Me costó cincuenta pesos, aun esta marcado en una esquina de la primera hoja. Antes de cada texto, cuenta con una pequeña biografía del escritor. Bien recuerdo que una noche me senté en la macroplaza disfrutando el aire, la vista y la lectura. El cuento impulsa a seguir leyendo cuento, uno tras otro como palomitas de maíz, más bien como esas sabrosas, suculentas y deliciosas papas embadurnadas de salsa. Órale, ya se me antojo, un cuento y las papas.

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