Historia de México

Honestamente, no recuerdo haber tenido una materia preferida en la escuela. Recuerdo que los pantalones no me duraban mucho sin estar remendados. Los zapatos, eran ortopédicos y horribles. Definitivamente, los amigos, lo mejor de ir al colegio.

Hoy que tengo frente a mí el libro del que les quiero compartir, mi mente trae todos estos recuerdos, y eso porque en la portada tiene una ilustración muy a tono con aquellos dibujos de los antiguos libros de texto “gratuitos” de la primaria. Un dibujo donde se aprecia un cielo azul con nubes blancas sobres un lago, custodiado por cerros y una calzada de lo que parece ser un pueblecillo a lo lejos. Los colores ocres de la tierra mexicana contrastan alegremente. Es un ejemplar que lleva por nombre “Historia de México”, sencillito, ¿no?

8333348054_d9cfc0db92_bTodavía me asombro al darme cuenta que me gusta leer esas cosas. Y no es que odiara la historia, sino que antes pensaba que quien leía esos libros eran personas sumamente cultas, receptoras de una memoria prodigiosa y un carácter muy perspicaz. No falta el tipo en las reuniones que alegaba la verdadera razón de una guerra mundial, las conspiraciones secretas de los políticos internacionales o el motivo del asesinato de un presidente. La verdad, aunque no creía todo lo que dijeran, a mi me gustaba mucho poner atención. Disfrutaba de la trama, la historia y sus consecuencias. Hoy es día en que no puedo recordar alguna anécdota de los libros que he leído digna de ser mencionada en una reunión y si me animo, casi siempre resulta lo mismo que si intento contar un chiste: el silencio y personas con cara de… ¿qué dijo?

Este libro reúne a trece historiadores miembros de la Academia de Historia de México. La idea era conmemorar el bicentenario de la independencia del país, así como el centenario de la revolución. En igual número de temas dividen la vida del país. Inicia con un recorrido geográfico, los inicios de las civilizaciones naturales de la región hasta el momento del año 2010, en que se genero este movimiento. Y todo esto, en tan solo doscientos setenta y siete páginas. Recuerdo a muchas personas verboleado que en este país nada hay que festejar y quizá algunos con argumentos sólidos tengan razón, pero creo que confunden celebrar estos acontecimientos bélicos con recordarlos o conmemorarlos. El conocer las causas de los efectos nos permite entender el presente e imaginar un posible futuro, allí es donde entra la vida. Mas allá de conocimientos, una buena anécdota o acumular datos didácticos, está el conocer la sociedad en la que vivimos y somos parte. No por ser un ciudadano ejemplar sino porque vivimos en ella, la indiferencia es el lado obscuro de la sociedad donde se reproducen las larvas, insectos y entes ponzoñosos. En muchas ocasiones el amor nace del conocer.

Lo más curioso es que no leí este libro como acostumbro llevarlo bajo el brazo a todas partes ni tampoco me senté en un confortable sillón con lámpara a un lado y pipa en mano. No, lo leí cada que mi cuerpo me pedía de manera sutil, inteligente y amena que era momento de desechar lo que ya no servía dentro de mi maquinaria orgánica.

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