Lecciones bíblicas

Mi primera intención de leer la biblia surgió por la edad de diez u once años. El libro era viejo y no era la biblia, era solo una parte de ella: los evangelios. Leí si acaso unas cinco hojas, además de que no le entendía a la secuencia de hechos, mi mente empezó a formar preguntas que no tenía ni la más remota idea de cómo contestarlas… mejor después…

1441481005_6d06450c76_oY ese “después” apareció luego de muchos años. Motivado, principalmente, por la educación que recibí de mis padres de recurrir a “Dios” en los momentos adversos, me dirigí a la fuente de la religión Católica Apostólica Romana, en un momento desfavorable. Me encantaría decir que mi encuentro con este famoso libro trajo a mi vida una lluvia de bendiciones, pero no fue así, de hecho esperaba que así fuera, tal como muchas personas atestiguan.  Sin embargo, tampoco fue en vano, si paso algo y es que conforme leía los evangelios, brotaban aquellas dudas de muchos años antes, casi las mismas o actualizadas como los modernos programas de computadora. Avanzaba en las páginas y sentía curiosidad, hasta hoy, todo libro que he leído me ha despertado curiosidad, algunos más que otros, pero en ellos la misma trama resuelve el conflicto, aquí no. La biblia está formada por muchos libros. Aun dentro de alguno de ellos se pueden encontrar corrientes diferentes que forman el texto. Y si mencionamos que algunos pasajes se enriquecen con simbología de aquella época, bueno su lectura no es sencilla. La percepción hacia la espiritualidad, la fe y las religiones son voluntad de cada individuo, imposible mantener un consenso, es parte de la libertad humana. Yo elegí intentar vivir esas dudas y sentirlas. Entre compañeros y algunos que profesan religiones distintas a la mía encontramos puntos de coincidencias y uno de ésos era este libro antiguo. José Miguel Miranda escribió “Lecciones Bíblicas” para aquellos principiantes que nos interesamos en conocer los misterios de un libro que fue el primero en imprimirse en la legendaria imprenta de Gutenberg. Empezando con un poco de historia, recorre luego algo de lo que estaría muy bien conocer al momento de emprender la lectura bíblica, contexto, orden o diferencias entre una y otra biblia; hasta una pequeña síntesis de lo que está escrito en cada libro que conforma la biblia.

Cuando lo termine de leer, quede asombrado de cómo la lectura puede generar más lectura. Como un libro lleva a otro libro y luego a otro más. Para nada es como mi perro Moncho que juega a darse vueltas mordisqueándose la cola. No es un ciclo, tampoco un escalón sobre otro; es una evolución, pues de cierta manera cada lectura es la estructura para construir un escalón diferente. Los libros no resuelven dudas, si no que nos guían a tener una percepción personal y libre ante ellas, las dudas no se evaporan si no que se afrontan. Claro está, esta es mi mera, sencilla y loca forma de verlo, ustedes “busquensen” la suya… y con gusto la platicamos…

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