Su mejor vida ahora

Me es fácil encontrar en la rutina un área de confort muy extraño. Por un lado me siento seguro y cómodo al conocer la agenda; por el otro, explotó en una represión o aburrimiento ante lo que hago con regularidad. Vivir a mi lado, “deveritas”, no es sencillo, no hace falta preguntarle a esposa ni a Moncho.

8705939573_458e89e062_oHasta hace poco tiempo, lo que la rutina ejercía en mí, no lo sabia. Fue parte de un conocimiento que experimente en terapia psicológica. Allí, además de conocerlo lo fui concientizando y es que en muchas ocasiones sabía lo que hacía, pero no entendía las consecuencias o repercusiones en mi vida, “no sentía lo que hacía”, en el día a día. Restableci un contacto con mi fe, mis creencias,  mi lado espiritual. Me refiero a esa creencia de que mi persona es algo más que huesos, sangre y músculos, (ok, y gracita también), que hay algo más. Es algo que aprendi en mi familia y en lo particular disfruto. Es mi elección vivir con ese aprendizaje. Pero no vivía en coherencia con mi elección.

Comencé a compartir experiencias con personas que coincidimos en algunas creencias, inquietudes o ejercicios. Llegue a éste libro: “Su mejor vida ahora” de Joel Osteen. Un libro que se encuentra en la mayoría de los puestos de revista de aeropuertos. Con un gringo feliz en la portada. El típico ejemplar que yo no compraria de forma espontánea. En él se incluye la receta de siete pasos para sacar el máximo potencial del individuo. Lo leí, de hecho, mientras lo leía, subrayaba las partes que más llamaban mi atención, cosa contraria a mi sacro ultra respeto de no rayar ni maltratar un libro. Me era facilisimo, ubicarme en las palabras del autor. Me encontraba a mi mismo, en formas muy variadas, en ocasiones como el gruñón que encuentra siempre el grano negro en el arroz, quejándose de lo improbable de algunos sucesos, también me “vi a mi mismo”, por decirlo de una forma, cuando renegaba de mis creencias. Las dudas fueron parte de toda la lectura. Dude de todo. Hoy, mientras escribo, me parece gracioso cómo fue ese ejercicio, lo que más despertó mi fe. Porque empecé a intentar vivir en “coherencia” con mi fe. Con mi experiencia propia. Con lo aprendido. Y me sentí libre.

Quiero aclarar, de manera tajante, que no fue el libro, ni la lectura, mucho menos el autor lo que me permitió experimentar mi personalidad tal cual es. Fui yo. En mi intimidad. En mi vida. El libro fue solo una herramienta, como un espejo. Reflejó mi vida en fe, en contacto con un dios inmenso, amoroso y enigmático. Me di la oportunidad de experimentar mis creencias, con detalles bellos y deliciosos y otros, crueles y dolorosos.

Al sentir la “subidita” camino a casa para regresar, luego levantarme a trotar, me imagine tendido en cama disfrutando pasar el tiempo antes de ducharme y me odie por haberle puesto la correa a Mocho para salir temprano a correr, me faltaba aire en los pulmones. En ese momento, recordé el poder de mi mente rebelde y dije — ¡aquí estoy otra vez quejandome!— me rei. Moncho levantó la cabeza al escucharme. En serio, no debe ser sencillo vivir conmigo, ¿Verdad?

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