Cien años de soledad

Los días de vacaciones tienen su propio tiempo, poco tiene que ver el cronómetro; el reloj calendariza pero no mide. No tengo predilección por vacacionar en alguna zona o estilo turístico ni siquiera estación del año. Lo que me acabo de dar cuenta es que (gracias a un libro) nunca antes había vacacionado, hasta ahora.

6643459355_27dd351859Nos urgía un descanso, y mi esposa planeaba costos, destinos y tiempos. Me preguntaba, me siguiera y me compartía sus preferencias, yo solo le pedí que a donde fuéramos existiera el “todo incluido” para salir de la rutina lo más posible, por todo lo demás yo me daba por bien servido. Una playa del caribe mexicano resultó elegida. Vino a mi mente caminar, salir a trotar al amanecer en la arena de la playa, jugosas bebidas y hartarme de platillos de todo tipo y a cualquier hora. Apunto de partir, abrí mi caja de libros nuevos, saque unos cinco y le pedí que me ayudara a escoger uno para leer en la playa. Ella, recordó que en un lugar de la casa tenía un libro idéntico a uno de los que puse en la mesa, del mismo autor pero diferente presentacion, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, — y, ¿sí lo leemos juntos? — dijo.

Me lleve ese y empezamos a leer desde que esperamos abordar el avión. Me atrapo desde el comienzo y ocurrió algo mágico, el libro me presto su tiempo… Entretejido en la lectura me di cuenta como corria el tiempo en mi vida, sentado al sol, recordé mis viajes de niño con mi familia, con compañeros del colegio o yo solo. Imágenes de lo que sería regresar a esa misma playa en un futuro, se mezclaban con el aire salado de la noche. De forma similar los personajes de la obra se revolvían entre la ficción y las claras muestras de realidad expresadas en las páginas, de hecho, estoy convencido que para algunos lo mágico es la verdad y los hechos reales la ficción, y por supuesto, algunos otros opinaran e intentarán demostrar lo contrario. Una obra que habla de una familia (los Buendía) que funda un pueblo y muere con él o viceversa. Por fortuna mi ejemplar contaba con un árbol genealógico que me ayudó mucho a no perder tan seguido el hilo de la historia. Es el tipo de libros del que hablar de ellos es tan irrelevante, se basta él mismo para justificarse y vivir para eternidad.

En Macondo, lugar donde se desarrolla la obra, incrustando mi imaginacion alli, me di cuenta de lo mucho que usaba toda mi energía para exprimir mis viajes de vacaciones, sacar hasta la última gota de todo: comida, actividades y emociones, para mi las vacaciones eran excesos, deliciosos y abrumadores. Tome un respiro y deje que mi ser se saciará en la vastedad de un descanso. Sin abruptos. Allí y en ese lugar. No siempre los excesos llevan al placer y lo percibí haciendo efectivamente eso. Los segundos fueron exquisitos. Las frases del texto también. Descanse y en ese descanso algo de mi despertó sin haber sido exaltado y me agrado. Este libro me acompañó y ahora que la historia me dejo un punto final comprendo porque muchos lo leen y lo vuelven a leer. Quizá sea parte de las historias repetidas en Macondo…

 

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