La importancia de llamarse Ernesto

2013-03-26-130827Hace algunos años, mi “má”, nos trepo a su camioneta como si fuéramos unos huerquillos. Un domingo nublado, fresco y amenazante de chubascos. Parecía que nos había programado para hacer chistes “chafos”, portar sonrisas indelebles y estar en estado hostigante. Fuimos al centro de la ciudad y cada quien se compró algo de golosinas… si algo le faltaba a esa tarde, era mi padre y comprar un libro… el libro lo compre, y mi padre… se quedó trabajando…

De hecho, compramos varios libros, “má” estaba desatada, tenía una tarde con todos sus hijos, (mis cuatro hermanos y yo) sin novias ni compromisos ni prisas. En el antiguo palacio municipal de Monterrey, comerciantes ambulantes ofrecían ropa, frituras y varios puestos de libros nuevos y usados. Me encontré un ejemplar de Oscar Wilde, lo tome y le pregunte qué si en lugar de fritanga me compraba el libro, a lo que ella dijo que tambien queria uno y que si me lo compraba. Cada uno de mis hermanos alcanzó un libro, que hasta la fecha no sé si han leido (ja ja ja). Lo que sí sé, es que esa tarde fue maravillosa, igual que la lectura de ese librito. Pequeño y de una colección que parece ser mexicana y económica, la historia es sencillamente genial. Es una obra de teatro de tres actos; eso mismo le da un detalle especial, puesto que la trama se desmenuza con lo que dice y hace cierto personaje. Desde el principio el humor hace presencia y conforme se va avanzando, al menos a mí, me arrancó carcajadas.

Ubicada en la época victoriana, la historia narra los enredos pasionales de unos jóvenes aristócratas, dejando en descubierto sus frivolidades. Sin embargo, eso es solo una parte del libro titulado “La importancia de llamarse Ernesto”, dado que bien se podría reflejar mucho de la cultura, idiosincrasia o modos de vida de la sociedad. Una comedia que entendería cualquiera, riéndose de los “no cualquiera”. Una crítica a la alta sociedad desde la comodidad de un teatro o la lectura. Seguramente, muchos encontrarán que la historia permanece actual.

Me parece muy caricaturesco haber adquirido ese libro justo en uno de los centros de paseo más concurrido del mundo regiomontano. Donde las tiendas, los fines de semana, están abarrotadas de comensales y compradores. Una calzada, donde las jardineras son muy raquíticas, los inmuebles antiguos pero con múltiples remodelaciones. Gente pidiendo limosnas a lado de personas que tiran sobras de comida en el suelo donde los pocos contenedores de basura no se encuentran llenos. Sinceramente, creo que el ser humano crea un comportamiento social muy contradictorio… como el mismo individuo…

Nosotros regresamos a casa muy contentos, nos esperaba papá sentado frente al televisor. Fue como regresar a nuestra infancia y repetimos el mismo afán de correr hacia él para ser el primero en contar la nueva anécdota o pifia de alguno de nosotros… parece ser, que en el fondo el ser humano… es el mismo sin importar el tiempo ni el espacio…

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