El eneagrama. Los nueve rostros del alma

Existe una respuesta muy común cuando alguien se siente invadido por los novatos del eneagrama: ¡No soy un número! Y es verdad, me imagino que no habría nada más inteligente para defenderse ante algún disparatado que empieza a etiquetar a las personas que lo rodean. Vaya que si lo sabré yo, un declarado “fan” del eneagrama en grado de principiante empedernido.

1802360665_36333c1abdLejos de ser una filosofía, el eneagrama es una herramienta de personalidades. Ha ido evolucionando en occidente gracias a la fusión con otras disciplinas y religiones. Procede de una tradición oral, es decir, que se transmitía de generación en generación solo por predicas y ejemplos didácticos, sin tener ningún texto o canon que lo establece de una manera estricta. En mi opinión, fue eso lo que le permitió nutrirse con mayor facilidad de otras áreas. Lo curioso es que es una herramienta social. He tenido la oportunidad de leer algunos libros de este maravilloso instrumento y en todos recalcan la importancia de percibir los beneficios en grupos dinámicos y vivenciales. Entre los teólogos Richard Rohr y Andreas Ebert, formaron el libro El eneagrama. Los nueve rostros del alma. En el, Andreas Ebert recopila el conocimiento expresado por Richard Rohr en talleres, seminarios y/o cursos, acerca de cada una de las nueve descripciones de personalidades del eneagrama. Inicia adentrándonos en los posibles orígenes de lo que ellos llaman “doctrina tipológica” y desarrollan el funcionamiento de esta herramienta. Aunque reconocen que no es un modelo “cristiano” de nacimiento, da la impresión que sí lo es por adopción; es el texto con más citas bíblicas de este género que recuerdo.

Recuerdo, también, que este libro me atrapó de comienzo a fin, esta escrito de una manera muy personal y concienzuda, lo que le da un matiz muy amplio para quien se interese en conocer cómo es que una herramienta de nueve personalidades puede resumir las características humanas.

Definitivamente no somos un número, también lo sé yo, salí de una universidad pública, viví lo que significa ser tratado como una matrícula… No supe compartir mi emoción. He aprendido a ver que lo que a mi me a funcionado por nada del mundo es la herramienta universal, solo y tal vez… Para quien se identifique en algo conmigo…

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