Verdugo del amor. Historias de Psicoterapia

Fue sumamente doloroso regresar a terapia psicológica. Me sentía tan bien de ver cómo había aprendido a afrontar tantas cosas con anterioridad que ahora tristemente derrotado regresaba incrédulo de que muchas otras cosas aparecían intactas, oscuras y destructivas en mi.

6834633561_6bff798917_bLas primeras sesiones, fue duro drenar este sentimiento y se sumaba a la ansiedad de tratar una obsesión muy nociva. La lectura fue de nueva cuenta una ventana para auto explorarme. Ya conocía algunas “brechas”, recordaba que ya había pasado por allí pero era diferente. Si bien es cierto que ya no había tantas expectativas, y eso aminoraba mis emociones, estaba conciente que era una buena decisión regresar. Me guarde ésta sensación por no tener los medios para compartirla adecuadamente, hasta hoy. Me parece curioso que un terapeuta, gringo, en otro país y sin conocerme, me haya otorgado la oportunidad de externar una parte de mi vida. Esa es una de las grande virtudes de los libros, permiten transmitir ideas, sentimientos o emociones a kilómetros de distancia, a diferentes tiempos o distintas circunstancias. Sin embargo, el canal es íntimo, único y protegido.

Irvin D. Yalom, un psiquiatra de la Universidad de Stanford, pone en un libro al alcance de terapeutas, pacientes y público en general, a diez personas que tomaron la decisión de vincular su vida, sus dramas, sus interrogantes en una relacion psico-terapeutica. Es una ventana al interior de la vida. Con el permiso de los pacientes y cuidado no modificar los casos más allá de lo suficiente para cubrir la confidencialidad, algo así como proteger la identidad de una persona que tuvo el valor de abrir para el bien humano su pecho para examinar su corazón. Diez capítulos que abordan por separado a cada paciente, su vida, sus necesidades. Diferenciados por un título, el libro toma el nombre del primero de los casos, complemendadolo con una descripción: Verdugo del amor. Historias de Psicoterapia.

Muchos recuerdos, pasaban por mi mente mientras leía, pedazos de mis propias sesiones las veía reflejadas allí, dudas sobre mi terapeuta y muchas otras sobre lo que yo he tratado y sobre la obsesión misma que estábamos tratando. Un fragmento me quedo me impregno: “el obsesivo desvinculado de su obsesión como oxígeno naciente, rápidamente se funde con una imagen o idea mental… este breve intervalo entre obsesiones, era el momento crucial para trabajar”. Yo sabia de esos momentos. Como un ciclo sin fin, pero ahora lo estaba trabajando…

Vi amor, misericordia y consuelo, herramientas propias del ser humano, algunos dirían que divinas, y como no, si los resultados son milagrosos. Las historias tomanban una importancia sin igual al recordar que eran pasajes de la vida, hombres de carne y hueso. Hombres y mujeres que se arriesgaba a pedir ayuda o que la vida los arrastraba a pedirla. En esas letras se enmarca algo elemental en la “vida de un libro”: compartir, hablar y la necesidad de ser tomado en cuenta… Un reflejo muy humano. Al terminarlo, se movió mucho en mi interior y me conforta saber que peor hubiera sido no haber regresado…

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