La caída de México-Tenochtitlan

CIMG0050Y todo en nosotros acaecío;
lo vimos nosotros, lo admiramos.
Fue espantoso y tremendo
lo que nosotros padecimos angustiados.*

Es un fragmento de un poema nahuatl, traducido por Ángel María Garibay. Esta en el encabezado de el último capítulo de La caída de México-Tenochtitlan, escrito por Jaime Montell; le puso por nombre: El Final.

Mi pá, me regaló ese libro una navidad. Hacía mucho frío cuando lo leí sentado en un “ruta 203” que aborda para ir a mi trabajo. El libro es impactante. Describe detalladamente los acontecimientos en el momento de encuentro entre la cultura Europea y la Mesoamericana. Abre una ventana enorme sobre los personajes para verlos más de “carne y hueso” que de papel y piedra, esos que conforme pasa el tiempo más bien parecen esculpidos por el argumento de una tragedia épica. De todos ellos, en lo particular me llamo la atención Motecuhzoma Xocoyotzin, Huey Tlatoani de los mexicas, el famoso Moctezuma. Fue en éste libro donde por primera vez vi otra personalidad del rey, lejos de aquellos calificativos de cobarde, supersticioso y pusilánime. Con coherencia, documentos y una fuerte voz, el autor desbarata una tradición que lleva muchos años en el imaginario colectivo, argumentado que Moctezuma apostó por una estrategia que al final no le alcanzó para salvar a su imperio, a su nación y a la postre a su mundo; un mundo que solo una parte es nuestro y que no conocemos, el indígena. Frente a frente, Moctezuma y Hernán Cortés no fueron actores de una película, ni siquiera jefes supremos de un mismo ejército, ambos fueron si acaso dos personas que tomaron decisiones en momentos críticos, este libro dibuja las circunstancias, el contexto y las consecuencias de una manera tan clara que parece que el autor lo esta contando a un lado del lector. Las batallas, ataques y contraataques se proyectan en la mente conforme pasas las letras, yo me sentía envuelto y emocionado.

hoy me pregunto cuánto de aquello se sigue repitiendo, los personajes idolatrados, el enfrentamiento de culturas y la posterior justificación insana con verdades a medias. Creo que la única forma de saberlo es leyendo, conociendo nuestro pasado para poder enamorarnos de él y decir: ya basta en el presente, pero no sólo eso, sino para despertar día a día con la convicción real de que yo soy consciente y coherente de la solución, como dicen “de no repetir el mismo patrón”.

 

*Historia de la literatura Náhuatl

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