Ifigenia Cruel

Parte II

06_capilla_alfonsina-1956_cDicen que las segundas partes difícilmente son buenas. ¡De Acuerdo!, sin embargo, no carecen de valor. Es más, si logramos desprendernos de nuestro sobrevaluado juicio, siguen nutriendo tanto como las primeras…

Lo digo convencido como que a mi experiencia me ha sido muy difícil aceptar que juego a tener en mis manos una balanza pesando a cuanta persona se me atraviesa. Un hábito muy desgastante, el enjuiciar en automático. A mi mismo, a mis seres queridos o compañeros y al mismísimo Dios. Lejos de lo moral, es algo que me lastima, pues me roba energías y lo peor, pareciera que estoy midiendo cada uno de mis actos y en consecuencia midiendo a los demás… “Con la vara que midas…”

Hubo de pasar mucho tiempo en terapia, cursos y más libros, para ver el daño que me infringía. No por usar el juicio, la crítica o el análisis, básicos en la naturaleza humana, si no por amarrarme a ellos como estilo de vida. Sería tonto no tomar las experiencias que da la vida sin enjuiciarlos para obtener aprendizaje…

Cuando intente leer, “Ifigenia cruel”, luego de “Visión del Anáhuac” que estaban en el mismo libro, me pareció harto difícil. No estaba habituado a la lectura de poesía, mucho menos a lo que el autor le llamaba “poesía dramática”, algo así como contar una historia con matices introspectivos, sentimentales y apasionantes no en prosa, sino en versos. Habrá quien pueda leerlo a la primera, no fue mi caso. Frustrado, pues, ademas quería presumir que al menos ya había leído dos trabajos de Alfonso Reyes, nativo de mi tierra, comencé a investigar de qué se traba la obra, me pareció lo mínimo que podía hacer. Pronto encontré que es una obra tan interesante que no han sido pocas las veces que se ha llevado a teatro. Ifigenia, viene siendo una sacerdotisa griega que ha perdido la memoria, una memoria escabrosa puesto que era una sacrificadora a la diosa Artemisa. La obra va develando su cruento ser… Ifigenia, se reconoce…

Mi curiosidad se disparó. Como el libro contaba con un disco de audio, lo empecé a escuchar y a leer en pedazos. Fue la primera vez que compre para degustar yo sólo una botella de tinto, mientras leía y escuchaba, no era para menos, “a nadie le gusta que le digan sus verdades” reza un dicho popular. Tenía la percepción de que para conocerse uno debe escarbar en su propia historia, en sus sensaciones e impulsos. Un proceso nada sencillo pero que hoy puedo decir sin temor a equivocarme que vale la pena. Al hacerme consciente de mis actos estos pierden el “poder” de actuar en automático y al menos intentar elegir cuándo, cómo y dónde usarlos… me sentí liberado. De nueva cuenta una obra de Don Alfonso, parecía que me tocaba fibras muy profundas. Como todo humano sigo cayendo en los mismos errores, pero ahora en lugar de enjuiciarlos, los juzgo para obtener una nueva visión, mínimo lo intento y es gratificante. Quizá por eso me es más nutritivo compartir que criticar, bien cabría decir a quien no piensa igual que nosotros…

“Respetemos el terror

de la que salió de la muerte

y brotó como un hongo en las rocas del templo… “

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