El universo en una cáscara de nuez

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A los años, me pregunto cómo hicieron mis padres para llevarnos a tan variadas partes en vacaciones. El tiempo laboral, los compromisos y el aspecto económico son las primeras cosas que me saltan a la mente, pero habría que considerar muchísimas cosas más… que hoy las veo y antes, nomas no…

Como las estrellas. Si, pues cuando se ocultaba el sol en el rancho de mis abuelos no solo la luna resplandecía en el cielo sino un incontable número de estrellas, no que aquí en la ciudad muy apenas y se ve la lunita. El brillo era impactante. Podría haberme quedado allí sentado asombrado hasta dormirme. No sé cuantas veces con mi imaginación infantil “hilvanaba” una idea con alguna que otra lección del aula escolar; pero fueron muchas. Me gusta hacer eso hasta entenderle o hasta que se me ocurre algo que me impresiona o mejor, hasta que se me antoja algo para ir a comerlo. En fin, honestamente jamás se me ocurrió la idea de que en nuestro universo hubiera más dimensiones ni que estuviéramos en una de otras tantas membranas o que un agujero negro ni es tan negro. A quien si se le ocurrió escribir un libro sobre eso y muchas cosas más fue al científico británico Stephen Hawking, que además de ser un reconocidísimo divulgador de ciencia, es un emblema de la fortaleza humana ante las contrariedades de la vida: El universo en una cáscara de nuez, es el título de ésta singular obra, que según él mismo, escribió sobre los temas que no han “entrado” en otros de sus trabajos.

El universo en una cascara de nuez - Stephen Hawking

Mi ejemplar es un pequeño libro de poco más de doscientas hojas donde entre chistes, letras e imágenes nos trata de mostrar algunos de los avances en teoría física de la actualidad y un poco del pasado. Me pareció muy divertido y ameno su sentido del humor. Tal vez se necesite un poco de algunos documentales o algo de lectura sobre el tema pero no es tanto, definitivamente se ocupa más de imaginación.

Me da curiosidad suponer qué pasaría si hubiera tenido ese libro en mis manos en aquellos días de vacaciones veraniegas, cómo habría reaccionado, ¿lo leería?, ¿acaso me habrían apasionado las estrellas y sus movimientos cósmicos?… a lo mejor me hubiera ido a dormir más temprano, me parece cautivador pensar en esos “hubiera”, me divierte porque en ese entonces solo leía lo necesario en el aula; ya que lo veo tal vez en algún otro universo un Marcos pequeño se fue a leer el libro de tarea bajo aquellas incontables estrellas brillantes de su enigmático universo.

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