La Cabaña

14260605416_b19c811901Abrí la puerta para salir a un pasillo amplio, iluminado y lustroso, tome la mano de mi esposa que estaba un poco débil. Me dijo que empezara cuando yo quisiera, estaba lista para escucharme, le sugerí varios pasajes del libro a lo que me atajó con una sonrisa diciendo que yo eligiera. No me fue difícil escoger.

Con todas las emociones a flor de piel, bien sabia que tenia que cargar con ese libro. Claro que tengo mi lista particular, pero este es uno que ambos leímos y hemos compartido gratamente. Yo creo nuestro preferido. Trata de un episodio en la vida de Mackenzie Allen Phillips, personaje demacrado por una tragedia familiar y su encuentro con Dios. Durante cada capítulo se aborda la maravillosa complejidad del ser humano, para mí el punto más notable de la historia, se titula: La Cabaña

Cuando entendimos que al fin conoceríamos a nuestra hija, me imagine de mil formas leer por un momento algún libro con mi esposa para animarla en cama. No tenía ni la más remota idea de como los planes por más meticulosos que sean y bien ponderados en ciertos momentos solo son una forma de amar y amarse uno mismo ante la inmensidad de la vida. En el hospital, y en el Gran Momento, el tiempo es imposible.

Aún hoy, recibo pequeños destellos de la memoria que sigo digiriendo y me quedo pasmado, como un flash que deja huella en los huesos. En ese pequeño momento de la mañana en que caminamos en el pasillo y yo le leía a mi esposa un fragmento, me parecía que toda la vida se condensaba en un instante. Tengo la esperanza de que en vida pueda desglosar de una manera más elocuente todo aquello: ver nacer a mi hija, hoy no puedo…

Sin duda alguna sabía que sería el libro que intentaría compartir con ustedes, lectores amables, en la más pronta oportunidad y eso intento. Un trabajo que ha sido alabado por muchos y también criticado por más, con millones de copias vendidas, con disponibilidad en cualquier librería. El autor Wm. Paul Young estuvo en la pasada feria del libro (2014) de Monterrey promocionando otro de sus trabajos, para casualidad, mi esposa ese día se sentía agobiada y no quiso quedarse unos minutos más, pese a mi insistencia (ja ja ja) al irnos, parece ser, el inicio su ponencia, cosa que supimos hasta el dia siguiente.

Aprovecho, para agradecer todos los buenos deseos y bendiciones que hemos recibido, las visitas y regalos, las atenciones y apreciables ayudas. Si antes estaba nervioso hoy lo estoy más, si eso se puede medir; asustado pero con una alegría que me llena el pecho. La lectura y la escritura es un diálogo que me permite comunicarme, que diluye el tiempo, no como el nacimiento de una vida, pero lo retrata… o al menos, a mi me lo parece.

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La codependencia

Un héroe, es aquel ilustre y famoso debido a sus hazañas y virtudes, al menos, así lo dice un diccionario. Nos los encontramos en las novelas, cuentos y casi siempre son “el mero bueno” de alguna película. Yo pienso, que representan esa parte del ser humano a la que puede llegar a ser en base al amor que hay en él; verlo entre las calles, de carne y hueso… es una bonita fantasía…

4515978568_38850da9b4No pensaba así hace algunos años. De hecho, en alguna parte de mi cerebro existía la idea de que yo estaba llamado a ser algo parecido a un caballero andante que rescata, si no damiselas en peligro, pues sí algunas personas en infortunio. Eso me impulsó a buscar y por supuesto a encontrar muchos pesares. Yo sé bien que no es muy difícil encontrar desastres, me imagino comparten esa idea conmigo, por desgracia ese “noble afán” sin darme cuenta tambien lo lleve a mis relaciones de pareja. Y en lugar de disfrutar las diferencias de nuestras personalidades, nuestros gustos en ocasiones opuestos y compartir nuestras propias ideas, me enfoque de una manera obstinada, directa y sorda en todas aquellas situaciones en las que yo creía que mi pareja estaba en peligro… Allí me veo, ja ja ja, el engalanado héroe con capa, mayones apretados y calzones rojos de fuera combatiendo las necesidades de mis amigos, las incongruencias de mis novias o las insuficiencias de mis familiares… El paladín de la justicia, el valeroso cruzado, el osado vaquero. Una perfecta, noble y altruista excusa para no resolver mis propios problemas, y peor, para ignorarlos y dejar que me engullen hasta el pescuezo; lo cual sucedió un día común y corriente como muchos otros. Ahora era yo quien necesitaba alguien que me rescatara y por fortuna nunca apareció. Creo, esa fue una de las mayores bendiciones que Dios me ha dado. Claro que siempre hay gente dispuesta ayudar, una de esas personas, a quien yo considero algo así como a un angel en mi vida, fue mi terapueta quien me recomento un libro maravilloso: Cómo mandar a todo el mundo a la chingada… ja ja ja, no es cierto, el título es: “La codependencia. Qué es, de dónde procede, cómo sabotea nuestras vidas” de Pia Mellody.

El libro es muy sencillo. Fácil de digerir y muy amigable. Con ejemplos situacionales, uno que otro conceptillo médico y testimonios personales, describe un rasgo de la personalidad que puede llevarnos a vivir sin estar viviendo. Al final, IMG_20150228_103315526aporta algunos resumenes psicológicos que pueden ayudar a aquellas personas que se quieran involucrarse más en el tema, en eso para mi fortuna me ayudo mi terapeuta. Fue uno de esos libros que me ayudó a verme a mi mismo como mi propio heroe. Algo que hay en el ser humano junto a todas sus demás ambigüedades, incongruencias y desatinos. A dejar de representar un papel que sepa la “fregada” de dónde agarre (bueno, si sé, pero eso es para otra reseña), no es sencillo porque soy muy terco, pero parece que para eso se tiene toda la vida. Eso me gusta de los libros, las mascotas o animales de compañía, las terapias o terapeutas; que son ayudas o asistencias para el individuo; ese libro en particular me desmenuzo los motivos de mi comportamiento y los posibles destinos a los que llegaría de seguir ese camino, fui yo quien decidió seguir o no, cambiar de ruta o no, “tomar las riendas” como se dice por allí; con algo de información. También, dicen que nunca se termina por aprender, eso lo festejo, porque también para ello, siempre existe un libro… ¡a leer!

Vicios y virtudes

Los libros me han permitido disfrutar mis sentimientos. Mi imaginación crea, construye o mezcla ideas. En muchas ocasiones todo eso me produce emociones que han llegado a explotar en lágrimas, carcajadas en medio de una fila del banco o sentimientos encontrados. Por ello, hay libros que jamás hubiera leído a no ser por el entorno que me rodeaba.

4026254814_e97e2deaa1Este es un ejemplo de lo que digo: “Vicios y virtudes. Claves para un programa de vida” de Alejandro ortega Trujillo. Es un religioso, al parecer con múltiples estudios en diversas partes del mundo y del país, encaminados en el desarrollo humano, matrimonial y familiar. Así como yo les encargaba a mis alumnos leer un libro como tarea, para tener derecho a presentar el examen parcial, más o menos así me “chutaron” este libro. Aquellas personas que me conocen saben que soy un tipo relativamente estructurado, lo digo porque hay cosas a las que si guardo una rigidez monolítica y en otras, definitivamente todo lo contrario: holgado, deshilachado y negligente. Esta parte de mi personalidad, hasta hace poco la desconocía, en terapia me la presentaron y la verdad no me callo muy bien, me di cuenta que soy un tipo nada fácil de tratar. Me avergonzó, en serio. Y no ha sido sencillo aceptar que es algo del gran paquete que está dentro de mi vida. Poco a poco, le he ido tomando el gusto, porque no todo es tan desagradable, esa rigidez también me ha permitido desarrollar cosas a las que les he sacado provecho, por ejemplo, ser tan terco y obstinado, bueno, podría decir que se transforma en perseverancia al emprender algún plan o trabajo. Así que, al saber que leería un libro que tenia el titulo las dos caras de la moneda de la personalidad humana, pues, sentí repulsión: otra vez de cara a mis tendencia personales…

Como siempre, el titulo solo es un nombre. Casi nunca dice nada del contenido, de la misma manera como sucede a las personas, no importa cuanto empeño le ponga el autor o los padres, el nombre toma relevancia solo por el contenido y no al revés, como muchos quisiéramos.

Subraye lo que más me llamaba la atención, cosas con las que concordaba, lo que no lo deje que se mezclara con lo que veía del mundo, como las noticias en la televisión, regularmente selecciona a que darle importancia y a que no, aunque yo pienso que todo se queda. En una parte hablaba del “ego” y sus matices, ese capitulo lo termina con una frase que me atrapo, por mi gusto en el boxeo: “el egoísmo puede ser nuestro mejor sparring”, refiriendoce a los combates de entrenamiento de los boxeadores antes de subir al gran combate. Así hubo muchas frases más. Y hasta programas para poder ver por nuestra propia cuenta cuales con los rasgos de nuestra personalidad.

Ese tipo de libros, además de aportarme todo lo nutritivo de su contendió, me han permitido desarrollar un deleite muy singular, no solo en la literatura si no en la vida: valorar aquello que no es de mi agrado. Algo así como dar el beneficio de la duda. Y eso para alguien tan cuadrado, es como limarle las puntas…

Su mejor vida ahora

Me es fácil encontrar en la rutina un área de confort muy extraño. Por un lado me siento seguro y cómodo al conocer la agenda; por el otro, explotó en una represión o aburrimiento ante lo que hago con regularidad. Vivir a mi lado, “deveritas”, no es sencillo, no hace falta preguntarle a esposa ni a Moncho.

8705939573_458e89e062_oHasta hace poco tiempo, lo que la rutina ejercía en mí, no lo sabia. Fue parte de un conocimiento que experimente en terapia psicológica. Allí, además de conocerlo lo fui concientizando y es que en muchas ocasiones sabía lo que hacía, pero no entendía las consecuencias o repercusiones en mi vida, “no sentía lo que hacía”, en el día a día. Restableci un contacto con mi fe, mis creencias,  mi lado espiritual. Me refiero a esa creencia de que mi persona es algo más que huesos, sangre y músculos, (ok, y gracita también), que hay algo más. Es algo que aprendi en mi familia y en lo particular disfruto. Es mi elección vivir con ese aprendizaje. Pero no vivía en coherencia con mi elección.

Comencé a compartir experiencias con personas que coincidimos en algunas creencias, inquietudes o ejercicios. Llegue a éste libro: “Su mejor vida ahora” de Joel Osteen. Un libro que se encuentra en la mayoría de los puestos de revista de aeropuertos. Con un gringo feliz en la portada. El típico ejemplar que yo no compraria de forma espontánea. En él se incluye la receta de siete pasos para sacar el máximo potencial del individuo. Lo leí, de hecho, mientras lo leía, subrayaba las partes que más llamaban mi atención, cosa contraria a mi sacro ultra respeto de no rayar ni maltratar un libro. Me era facilisimo, ubicarme en las palabras del autor. Me encontraba a mi mismo, en formas muy variadas, en ocasiones como el gruñón que encuentra siempre el grano negro en el arroz, quejándose de lo improbable de algunos sucesos, también me “vi a mi mismo”, por decirlo de una forma, cuando renegaba de mis creencias. Las dudas fueron parte de toda la lectura. Dude de todo. Hoy, mientras escribo, me parece gracioso cómo fue ese ejercicio, lo que más despertó mi fe. Porque empecé a intentar vivir en “coherencia” con mi fe. Con mi experiencia propia. Con lo aprendido. Y me sentí libre.

Quiero aclarar, de manera tajante, que no fue el libro, ni la lectura, mucho menos el autor lo que me permitió experimentar mi personalidad tal cual es. Fui yo. En mi intimidad. En mi vida. El libro fue solo una herramienta, como un espejo. Reflejó mi vida en fe, en contacto con un dios inmenso, amoroso y enigmático. Me di la oportunidad de experimentar mis creencias, con detalles bellos y deliciosos y otros, crueles y dolorosos.

Al sentir la “subidita” camino a casa para regresar, luego levantarme a trotar, me imagine tendido en cama disfrutando pasar el tiempo antes de ducharme y me odie por haberle puesto la correa a Mocho para salir temprano a correr, me faltaba aire en los pulmones. En ese momento, recordé el poder de mi mente rebelde y dije — ¡aquí estoy otra vez quejandome!— me rei. Moncho levantó la cabeza al escucharme. En serio, no debe ser sencillo vivir conmigo, ¿Verdad?

El eneagrama. ¿Quién soy?

3459274162_927acb7a30_o¿Alguna ocasión han visto a los chicos de un supermercado etiquetando los productos de un estante? Con pistola en mano, apuntan y en segundos el artículo tiene un sello con un nuevo precio, regularmente más caro ¿verdad? Luego de algunos años, puedo ver en esa imagen un fiel reflejo propio, no tenia pistola, era un libro bajo el brazo.

Y es que, es un comportamiento muy común que sucede luego de leer este tipo libros. Su nombre: El eneagrama. ¿Quién soy? Basado en una antigua tradición sufí, Andrea Vargas escribe este libro de manera chistosa, sencilla y detallada, una matriz de personalidades. La tradición sugiere que cada persona está relacionada con un tipo de nueve comportamientos. Parece sencillo, un circulo que tiene nueve puntos, de allí el nombre: “enea”, nueve; “grama”, gráfica. El círculo presenta un conjunto de líneas que unen estos puntos, algunos con otros no a todos, entonces, aparece lo divertido. El eneagrama es una herramienta para vernos a nosotros mismos, nuestros impulsos, los miedos o reacciones. El ser humano es un ser dinámico y en constante movimiento, esta grafica no intenta desmenuzar a la humanidad, como dije, solo es una herramienta y este libro fue una excelente forma de acercarme a esta tradición, primero porque es detallista, luego porque menciona otros autores y también porque en cada página contiene una caricatura de cada personalidad… imposible no reconocerse a sí mismo.

Yo me ubique de manera sencilla, con la ayuda de gente que ya dominaba esta herramienta, de hecho me la recomendaron y me enamore por completo. Sigo localizando y adquiriendo más material y espero algún día poder vivir alguna experiencia de grupo para disfrutarlo mejor.

Un gran problema, surgió cuando por la fascinación de verme reflejado de una manera tan natural y sencilla, comencé a identificar a las personas más allegadas a mi vida. No a todos les gusto y con razón. Paso algo de tiempo para descubrir que en mi pasión invadía a los demás. –—Jajaja— Aun me siento apenado por ello, pero eso no demerita la valides de ésta herramienta, de hecho me enseño que cualquier instrumento puede ser usado para algo positivo o todo lo contrario. Y es que un espejo muestra todo, lo que nos gusta y lo que no, solo es un espejo, en cambio, somos nosotros quienes estamos vivos.

Lecciones bíblicas

Mi primera intención de leer la biblia surgió por la edad de diez u once años. El libro era viejo y no era la biblia, era solo una parte de ella: los evangelios. Leí si acaso unas cinco hojas, además de que no le entendía a la secuencia de hechos, mi mente empezó a formar preguntas que no tenía ni la más remota idea de cómo contestarlas… mejor después…

1441481005_6d06450c76_oY ese “después” apareció luego de muchos años. Motivado, principalmente, por la educación que recibí de mis padres de recurrir a “Dios” en los momentos adversos, me dirigí a la fuente de la religión Católica Apostólica Romana, en un momento desfavorable. Me encantaría decir que mi encuentro con este famoso libro trajo a mi vida una lluvia de bendiciones, pero no fue así, de hecho esperaba que así fuera, tal como muchas personas atestiguan.  Sin embargo, tampoco fue en vano, si paso algo y es que conforme leía los evangelios, brotaban aquellas dudas de muchos años antes, casi las mismas o actualizadas como los modernos programas de computadora. Avanzaba en las páginas y sentía curiosidad, hasta hoy, todo libro que he leído me ha despertado curiosidad, algunos más que otros, pero en ellos la misma trama resuelve el conflicto, aquí no. La biblia está formada por muchos libros. Aun dentro de alguno de ellos se pueden encontrar corrientes diferentes que forman el texto. Y si mencionamos que algunos pasajes se enriquecen con simbología de aquella época, bueno su lectura no es sencilla. La percepción hacia la espiritualidad, la fe y las religiones son voluntad de cada individuo, imposible mantener un consenso, es parte de la libertad humana. Yo elegí intentar vivir esas dudas y sentirlas. Entre compañeros y algunos que profesan religiones distintas a la mía encontramos puntos de coincidencias y uno de ésos era este libro antiguo. José Miguel Miranda escribió “Lecciones Bíblicas” para aquellos principiantes que nos interesamos en conocer los misterios de un libro que fue el primero en imprimirse en la legendaria imprenta de Gutenberg. Empezando con un poco de historia, recorre luego algo de lo que estaría muy bien conocer al momento de emprender la lectura bíblica, contexto, orden o diferencias entre una y otra biblia; hasta una pequeña síntesis de lo que está escrito en cada libro que conforma la biblia.

Cuando lo termine de leer, quede asombrado de cómo la lectura puede generar más lectura. Como un libro lleva a otro libro y luego a otro más. Para nada es como mi perro Moncho que juega a darse vueltas mordisqueándose la cola. No es un ciclo, tampoco un escalón sobre otro; es una evolución, pues de cierta manera cada lectura es la estructura para construir un escalón diferente. Los libros no resuelven dudas, si no que nos guían a tener una percepción personal y libre ante ellas, las dudas no se evaporan si no que se afrontan. Claro está, esta es mi mera, sencilla y loca forma de verlo, ustedes “busquensen” la suya… y con gusto la platicamos…

Clamor en el Barrio

Era mi primer trabajo, auxiliar contable. Entre a laborar allí por un amigo que conocí en un tetramestre de maestría. Por el trabajo se le complicaba terminar toda la tarea, y pues, yo no tenía ningún reparo en prestarle mis apuntes, un día me dijo, que no olvidaría ese favor y lo cumplió.

5843670022_2d2203061fTermino el ciclo y al mes se abrió una vacante en la oficina donde él laboraba, me llamo y me pregunto sí me interesaba, yo le conteste que era administrador y no contador a lo que él me dijo que por eso yo ni me preocupara que él me apoyaría en todo lo necesario y acepte. En un par de días estaba yo en mi primer trabajo profesional. El puesto me apasiono y trate de llevarlo con toda seriedad, responsabilidad y honestidad, prefería decir que no sabía algo pero que estaba dispuesto a aprender, claro, como toda persona que labora sabe, en ocasiones eso es muy complicado de hacer. Yo cargaba un librito en una mariconera, bajo el brazo o de a tiro en mis manos. Aprovechaba cualquier momento para leer. De esto se dieron cuenta mis compañeros y sobre todo mi amigo. Me comento que tenía un libro que había leído hace un tiempo, le dije que si me lo prestaba yo se lo regresaría sin falta al terminarlo y en buen estado. Eso hice. Narra la historia de Freddie Garcia, un texano con ascendencia mexicana. En una especie de biografía, va hilando los hechos de su infancia, el barrio y como fue acercándose al mundo de la drogadicción. Con lujo de detalle describe pormenores y el contexto de la sociedad y su tiempo que invitan a la lectura. Su vida derrapa en un caos de vicios y consecuencias. Un antiguo compañero en un hospital para drogadictos lo invita a un centro de rehabilitación, apoyados en la fe en Jesucristo. Inicia entonces un tobogán de circunstancias que alteran la vida de Freddie y sus allegados, en algo que parecía no tener fin.

Cuando regrese el ejemplar, intente conseguirlo en alguna librería sin éxito. Luego, en cruceros de la ciudad veía a jóvenes con la portada del libro impreso en sus camisas, vendiendo artículos que ellos mismos fabricaban para la manutención de un centro de rehabilitación. En ocasiones charlaba con ellos y les preguntaba sobre el texto. Me decían que regularmente se agotaban pero que podrían conseguirme uno, me invitaban a sus reuniones. Aun recuerdo muchos de esos rostros. Paso el tiempo y el titulo estaba anotado en mi lista mental de libros por adquirir para colocarlo en mi biblioteca de libros leídos.

Me parece increíble como este libro tiene un espíritu de amistad que ha trascendido en mi vida y no hablo de un destino o la alineación de los planetas ni conjuras astrales, simplemente que otro amigo termino por regalarme un ejemplar que le había regalado su madre. Obviamente, no lo acepte a la primera oportunidad, creí que representaba un claro objeto de valor sentimental, a lo que él respondió que sería un honor apara él que yo lo conservara y bendijera mi compendio de libros. Lo tome con mucho amor y hoy les comparto esto, con mucho cariño.