La lata del domingo

Paco-Calderon-avatarEn ocasiones me he preguntado si la lectura es un hábito hereditario; mi padre dice que su papá era un lector asiduo, juntaba muchos libros, periódicos y revistas. Y pues, a mí me tocó ver leer al mio mucho, de hecho los domingos era “de cajón” que me levantara a ir a la carnicería por barbacoa y el periódico.

No siempre era grato, creo que en la vida del ser humano se presentan algunos fines de semana en los que la cama ejerce una especie de fuerza absorbente que cuesta mucho el levantarse, valla que era duro. Pero en otros era muy divertido, compraba dos periódicos y me ponía a gritar como un periodiquero profesional; ahora que lo recuerdo, me pregunto dónde quedo en mi todo ese… Emmm sentido comercial. En fin, también aprovechaba el camino para ir hojeando las páginas, oler la tinta y el papel, así como leer la sección deportiva. Esos días tenían suplementos dominicales de farándula, ofertas y caricaturas; me parecía curioso, sin embargo, que en las primeras planas donde habían muchas letras, gráficas y fotografías de políticos aparecieran dibujos de algunas de esas personalidades con muecas muy exageradas. Regularmente no les entendía hasta que le preguntaba a papá y me explicaba lo que significaban. Fue así como conocí a los llamados “moneros” o “caricaturistas”. Uno de todos los que veía me llamo mucho la atención porque hacía una especie de historieta en referencia a algún acontecimiento social: Paco Calderón. ¿cuantas veces intente coleccionar esos dibujos? Bendito Dios, no fue necesario porque muchos años después se publicó “La lata del domingo”.

IMG_20150226_082911793Llamado despectivamente el “monero de derecha” nos comparte algunos de sus trabajos cuando inició su carrera como caricaturista. Además, nos cuenta anécdotas, recuerdos e impresiones de un mundo periodístico expresado a través de trazos de tinta y no por letras. Claramente se puede observar su evolución profesional desde su estilo hasta sus ideologías que ha ido plasmando, lo mejor es que todo esto es parte de la vida social del país contado con humor muy ligero, irónico y alegre.

Eso también es lectura, las historietas son narraciones apoyadas en imágenes que dan una comprensión igual de profunda. Y eso es precisamente lo que sí se hereda… por todos los humanos: la curiosidad por comprender nuestra propia vida, la forma de satisfacer esa necesidad es muy personal… A mi me gustan las letras, sí, seguro pero también los “monitos”.

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La interminable conquista de México

12661874444_94cd468be3Nos reuníamos en casa de mi abuela, tíos, primos y amigos de la familia para disfrutar una carne asada.  Con algunos había más acercamiento que con otros, pero con todos mucho cariño. Si se nos antojaba alguna golosina no había problema, pues ella tenía un puesto de abarrotes.  A ella no le gustaba participar en las promociones de las marcas, así que con ella consumíamos los productos y a otra tienda canjeábamos los cupones de regalo. ¡Ah, que tramposos!

Una noche, mi primo Juan Carlos y yo, que en ese tiempo decían éramos como uña y mugre (al menos yo siempre me bañaba) fuimos a canjear unos cupones y vimos un estante con revistas. En la portada la imagen del asombro Hombre Araña y el agresivo barbudo, Wolverine. Impresionados, compramos la revista para leerla y releerla, no sin antes regresar a casa de la abuela para recolectar peso por peso para adquirirla, a partir de allí nos enamoramos de los dibujos, dibujar y de las llamadas tiras cómicas. Entre revista y revista, me pregunte como sería un “comic” que hablara de la historia, al menos de la historia de México, tan apasionante y llena de sucesos dramáticos, irónicos e impresionantes. Al parecer, Eduardo del Rio, utilizo esta forma de publicación como forma de propaganda política. En su libro “La interminable conquista de México” narra algunas de las peripecias que ha vivido el país. Rius, como se le conoce a este caricaturista o monero, utiliza dibujos, collage y humor, en ocasiones sumamente sarcástico para hacer de su crítica una voz fuerte, inteligente y no por ello aburrida  y didáctica. Sin lugar a dudas el libro cala en la mente del lector.

Si bien es cierto la historia la forman seres humanos con anhelos y frustraciones, que sencillamente pueden tildarse de héroes o villanos, el darse la oportunidad de verla derrumba también de manera muy fácil estas etiquetas. Así la historia misma, rompe esos mitos de mármol o figuras de concreto con las que adornan las plazas o camellones. Para aquellas personas que al abrir un ejemplar les parece tedioso ver solo letras, Rius, nos ofrece otra forma de leer y conocer el quehacer humano atreves del tiempo. Por si esto fuera poco, el texto cuenta con bibliografía consultada por el autor. Aprovecho para mandar un cariñoso abrazo y saludo a mi compañero de la infancia, con quien guardo bellísimos y tristes recuerdos, como toda honda amistad.