Unidos contra Drácula

Algunas personas se han acercado conmigo para que les recomiende un libro, varias me confiesan sería el primer libro que leerían. Es algo que me llena de placer y también de agobio. Me encantaría tener el libro exacto, pero desde la primera vez supe que no sería así…

Cómo podría… hay tantos gustos, tantas letras y yo en ocasiones ni disfruto un buen libro. Está de más decir que mi puntería no ha sido muy buena. Eso sí, de que me esfuerzo en encontrar alguno, no cabe duda, soy muy obsesivo, creo que se me nota. Cuando un amigo se me acerco con libro en mano y me dijo, mira dale un vistazo, éste tema salió a degustar en una conversación de WhatsApp. Yo antes le había recomendó un libro y le dije que si no le gustaba me dijera, para mí sería una buena oportunidad de conocerlo, ahora él me decía lo mismo, que fuera honesto. Bueno, le digo a él y les comparto también, que me gustó mucho.

“Unidos contra Drácula“, es un trabajo realizado por el cantautor, escritor y conferencista argentino Luis Pescetti. Reúne, cuentos, canciones, poesía, prosas humorísticas y algunas de sus conjeturas de la vida. Parecería que es un libro dirigido al mercado infantil, yo diría, al niño que todos llevamos dentro. Con seguridad, caigo gordo, a algunos de mis amigos y familiares, cuando les digo que no dejamos de ser niños, más bien al niño le sumamos al adolescente, luego al joven, etc., etc., ¿va?, Como los juguetes que uno envuelve a otro, lo digo por mí mismo y porque en mi entorno veo señores que se comportan como niños y viceversa, dicho esto como alago o despectivamente.

Además de disfrutarlo, me refresco mucho mis días. Me sentí con una vitalidad diferente. Dicen que eso produce la lectura, quién sabe, a mí me gusto. Quizá sea porque me llevo a mi infancia, siempre hay mucho que decir de eso, a veces aunque no queramos.

Me tarde mucho en reseñar y parece que el Sr. Pescetti anda por tierras mexicanas, espero nos regale su presencia acá en el norte. Sería un placer.

Jaime Sabines. Recuento de poemas 1950/1993

28824668100_35d72c4339La canción empezó a sonar mal en el estéreo, una de las desagradables desventajas de un CD, se rayan y justo el pedazo del solo de guitarra queda arruinado; lo apague y deje el radio, a ver qué me puedo encontrar, pensé… y esa pequeña decisión cambió mi vida.

No exagero, antes de aquello la poesía resultaba para mí un desbarajuste, una forma barata para llamar la atención, actividad exclusiva para amantes del diccionario. Sucedió que a voz del locutor, un poema de Jaime Sabines cobró vida propia, lo escuche completito, sin interrupciones y de manera atenta. “Me encanta Dios”, se titula y para confusión mía está escrito en prosa, lo cual me rasguño la curiosidad. Antes, algunas frases de biografía del autor y después una canción bohemia, sin embargo, yo estaba enganchado, trate con todas mis fuerzas de no olvidar lo más importante: el autor, el poema y lo que había sentido en ese instante, en mi caso no es cualquier cosa, soy muy distraído; así, un día en alguna librería de la ciudad me encontré con “Recuento de poemas. 1950/1993”, libro que reúne trabajos del poeta que él mismo se encargó de seleccionar. Claro, allí estaba…

img_20160907_175427754Escucharlo en mi mente con mi propia voz (que no es precisamente la que yo percibo salir de mi boca), bueno, fue maravilloso. Recordé aquel instante del que les cuento.

Pero, hasta ahí. No me anime a leer todo el libro. Tuve miedo a cambiar mis percepciones, aquello a lo que me amarraba, lo que yo decía. Hubo de pasar experiencias, opiniones de amigos y maestros, y por supuesto otros libros para agarrar y disfrutar éste. Lo hice y es sensacional. Sigo sin exagerar, quizá sea algo de lo más apasionante verse a uno mismo cambiar de opinión con muchas ganas de hacerlo respetando lo primero.

Con mucho agrado se los recomiendo, podrán encontrar un desapego a lo formal, a lo retórico y sin versos, (ja, ja, ja ¡qué caray!), eso sí, una voz continua, ¡valla!, uno podría identificarlo entre otros poetas.

Les comparto que en algunos trataba de leerlos en voz alta, susurrarlos o con voz queda, tratando de identificar lo que las frases me hacían sentir, parece que eso ayuda. Se los dejo aquí con toda la intención seguir disfrutando el placer de la lectura escribiendo.

Ifigenia Cruel

Parte II

06_capilla_alfonsina-1956_cDicen que las segundas partes difícilmente son buenas. ¡De Acuerdo!, sin embargo, no carecen de valor. Es más, si logramos desprendernos de nuestro sobrevaluado juicio, siguen nutriendo tanto como las primeras…

Lo digo convencido como que a mi experiencia me ha sido muy difícil aceptar que juego a tener en mis manos una balanza pesando a cuanta persona se me atraviesa. Un hábito muy desgastante, el enjuiciar en automático. A mi mismo, a mis seres queridos o compañeros y al mismísimo Dios. Lejos de lo moral, es algo que me lastima, pues me roba energías y lo peor, pareciera que estoy midiendo cada uno de mis actos y en consecuencia midiendo a los demás… “Con la vara que midas…”

Hubo de pasar mucho tiempo en terapia, cursos y más libros, para ver el daño que me infringía. No por usar el juicio, la crítica o el análisis, básicos en la naturaleza humana, si no por amarrarme a ellos como estilo de vida. Sería tonto no tomar las experiencias que da la vida sin enjuiciarlos para obtener aprendizaje…

Cuando intente leer, “Ifigenia cruel”, luego de “Visión del Anáhuac” que estaban en el mismo libro, me pareció harto difícil. No estaba habituado a la lectura de poesía, mucho menos a lo que el autor le llamaba “poesía dramática”, algo así como contar una historia con matices introspectivos, sentimentales y apasionantes no en prosa, sino en versos. Habrá quien pueda leerlo a la primera, no fue mi caso. Frustrado, pues, ademas quería presumir que al menos ya había leído dos trabajos de Alfonso Reyes, nativo de mi tierra, comencé a investigar de qué se traba la obra, me pareció lo mínimo que podía hacer. Pronto encontré que es una obra tan interesante que no han sido pocas las veces que se ha llevado a teatro. Ifigenia, viene siendo una sacerdotisa griega que ha perdido la memoria, una memoria escabrosa puesto que era una sacrificadora a la diosa Artemisa. La obra va develando su cruento ser… Ifigenia, se reconoce…

Mi curiosidad se disparó. Como el libro contaba con un disco de audio, lo empecé a escuchar y a leer en pedazos. Fue la primera vez que compre para degustar yo sólo una botella de tinto, mientras leía y escuchaba, no era para menos, “a nadie le gusta que le digan sus verdades” reza un dicho popular. Tenía la percepción de que para conocerse uno debe escarbar en su propia historia, en sus sensaciones e impulsos. Un proceso nada sencillo pero que hoy puedo decir sin temor a equivocarme que vale la pena. Al hacerme consciente de mis actos estos pierden el “poder” de actuar en automático y al menos intentar elegir cuándo, cómo y dónde usarlos… me sentí liberado. De nueva cuenta una obra de Don Alfonso, parecía que me tocaba fibras muy profundas. Como todo humano sigo cayendo en los mismos errores, pero ahora en lugar de enjuiciarlos, los juzgo para obtener una nueva visión, mínimo lo intento y es gratificante. Quizá por eso me es más nutritivo compartir que criticar, bien cabría decir a quien no piensa igual que nosotros…

“Respetemos el terror

de la que salió de la muerte

y brotó como un hongo en las rocas del templo… “

Retorno de Electra

1396137428730[1]Una buena tarde, una persona me dijo que no leía pues tenía poco tiempo. La vida en la ciudad es muy ajetreada, ¿no?

Yo le compartí que en mi caso uso cualquier pretexto para leer, siempre cargo un libro y en una fila, esperando un turno o cuando se me va el sueño leo. Se anidó en mi la fantasia de darme la experiencia de leer sobre un sofá cómodo, una tarde despejada y ventosa, refrescando el cuarto donde leyera un libro, “a mis anchas”. Imagine muchas cosas: el lugar, la vista a un jardín y hasta la ropa que tendría puesta. Cada vez que recurría a esa fantasía agregaba algo; de hecho lo sigo haciendo, con la ventaja que ya experimenté algo parecido con un libro de poesía. La verdad es que fue una delicia…

15265880848_eb11097ffcUna delicia desgarradora, como un par de tragos a un Cabernet Sauvignon que al pasar a la garganta deja un eco de fruta y licor. Con una profundidad sin ser aterradora ni autocompasiva, Enriqueta Ochoa nos muestra su visión de vida. Me recomendaron “Retorno de Electra” y de ser posible leerlo en voz alta. Eso hice… Y fue como un trago más…

Con frases que escuchaba de mi propia voz y sin saber el por qué, pues no todo lo entendía, vinieron a mi presente recuerdos, sensaciones y emociones. Aborda temas tan pasionales y complejos como el arraigado misticismo religioso con los impulsos carnales. Al parecer la familia y amigos le eran muy importantes; precisamente el poema con el mismo nombre del libro es descorazonador sin ser por eso un sacrificio. Y saben qué, quiero más… Terminado éste delicioso elixir creo que sería agradable dejar que solo se desvanezca el aroma en mi boca… Total, la vida en la ciudad es muy ajetreada.

Vision de Anahuac

Parte I

Alfonso Reyes 1“Viajero: has llegado a la región más transparente del aire”— Comienza así uno de los poemas más hermosos que he tenido la oportunidad de escuchar al lado de una mujer que irradia cariño, alegría y ternura a su rededor.

Una voz añejada por el tiempo salia de las bocinas de mi automóvil. Apenas salimos de la librería cuando desgarre la envoltura del libro, lo abrí y tome un disco compacto. Para ser exacto, la edición contenía tres discos y dos obras de Alfonso Reyes, el llamado Regiomontano Universal. El libro, llamó poderosamente mi atención, principalmente por el acabado de las pequeñas pastas que lo protegían; en portada la imagen de una pintura en acuarela con un diminuto recuadro que dice: “VOZ VIVA”, y en efecto, el autor se había tomado el tiempo de grabar la lectura de sus propios textos pasados muchos años de que lo escribió. Ambas obras eran poemas, uno en prosa y el otro en verso.

A “renglón seguido” vertió sobre el papel imágenes, movimientos y sonidos de un México tan ajeno al nuestro como las fotografías de un recién nacido guardadas en el álbum familiar junto a las de la graduación y su boda de años posteriores; él mismo y tan distinto en tiempo y espacio. La percepción española a su llegada a México-Tenochtitlan, con bastante atino nombró al texto: Vision de Anahuac. Allí, el encuentro de dos culturas expresado en palabras con ritmo, elegancia y cadencia. No solo eso, pues así como en el inicio haciendo referencia a un viajero y al lugar que ha llegado, nos lleva por un mapa con distancias, vueltas y bajadas a través del mercado, construcciones y paisajes llenos de colores y espacios: los mexicas en todo su esplendor.

Claro que después de oírlo, lo leí y fue para mi muy gratificante. Sin embargo, el placer de compartirlo con ella, lo elevó a un más. Es fecha que aún traemos a nuestros diálogos alguna frase de ese audio. Al final, el autor hace una exhortación por vivir cuidando nuestra historia. No por costumbre o de forma autómata y sin sentido, sino como una manera de reconocer el quehacer humano. Me marcó tanto que el logotipo de Hurgando Cicatrices mucho se basó en esas últimas líneas, la pasión y el movimiento, quizá características de mi propia esencia, no lo sé.

Hoy les traigo este libro en señal de cariño a esa mujer que me acompañó, me acompaña y espero jamás se canse se acompañarme: mi esposa que recién festeja un año más en vida. Creo, hay mil formas con las que el ser humano puede identificarse con otra persona, a mi me gusta la lectura. Gracias… y que Dios te siga bendiciendo…

http://www.uanl.mx/sites/default/files/Alfonso%20Reyes%201.jpg (imagen)

Nostalgia de la muerte

Damas y caballeros, chicas y chicos, pubertas y calenturientos, me complace compartirles al fin este pequeño articulo de un libro que me enamoro y es el primero en su tipo que tengo la oportunidad de leer.

Se trata de un género sumamente escuchado por todos: la poesía. ¿Alguien ha pasado por la vida sin conocer de algún poema o poeta?, quizá algunos cuantos y esto lo dudo nomas porque solo la muerte en los vivos es absoluta. Nació en mí la curiosidad de leer poesía hace mucho tiempo, pero en el mismo instante una muralla transparente me impidió darme el gusto: la inseguridad. 3513073036_a48276b1f4_bUn miedo a no entenderla, a parecer ñoño o cursi. Recuerdo mis primeras letras eran dirigidas por esta avenida de la literatura, intentaba ser un poeta describiendo lo que entendía, sentía o pensaba. En cualquier libreta, trozos de papel o servilleta regaba mis garabatos. Pronto me di cuenta que la poesía es más que rimas, estructura y métrica. Pero no lo entendí y lo explico: pensaba que si alguien estudiaba para poder poner unos versos en papel entonces seguramente no era cualquier cosa. Y en efecto no lo es, pero no por que se tenga que estudiar, si no porque se tiene que tener un vinculo con lo que se siente. Tratar de poner en palabras un sentir y es aquí donde sale el viejo cliché: me faltan palabras para describir lo que siento… el talento, el auto conocimiento o más bien la visión de ver o imaginar lo que tenemos dentro, lo que genera un sentir…

Me ayudo mucho para animarme, conocer gente que estuviera cerca del quehacer literario, un gran maestro me dijo al compartirle mis dudas, “la poesía no se entiende, se siente” y junto con eso una lista de autores a los que sería buena idea acercarse cuando se es primerizo en esa lectura, uno de ellos, Xavier Villaurrutia. Conseguí un libro y estuvo mucho tiempo esperando su oportunidad. El titulo de la obra: “Nostalgia de la muerte”. Un compendio de poemas que desde el primero me arrebato del lugar en el que estaba, y no era cosa fácil, porque sentado en mi jardín, con el aroma de tierra mojada y mi buen Moncho sentado a mis pies es un lugar que me gusta mucho estar y disfrutar. Sin embargo, las letras me trasportaban a momentos de mi vida que pensé nadie conocía, que solo yo tenía en mi mente o a recuerdos casi olvidados. Sentía como se me ponía la piel “chinita” al ir leyendo.

Termine el libro y quise reseñarlo, pero la idea de recitarle un poema a mi esposa antes que nada me mantuvo en ascuas. Sentados en la mesa, fui por el libro y sentí que era el momento de hacerlo. Descargado… liberado… y enamorado… ahora les escribo: la poesía no se entiende, se siente…