La risa, la mejor medicina

33277878781_a4a0ca0857Era viernes por la noche. En el patio de mi casa, un árbol daba aviso del cambio de estación climática. “Me parece que un buen lugar”, pensé y me fui a la caja de libros que tengo por leer. Tome como cuatro y regrese…

Esa caja contiene libros que me parecen interesantes y compro, a veces son libros usados, otras aún conservan su envoltura original, unas más son textos que me regalan, de hecho, tengo algunos trabajos de conocidos o conocidos de mi esposa. No deje de comprar libros desde los diecinueve años hasta el año pasado que por primera vez pasó y no compre ninguno, salieron nuevos gustos. Uno de ellos, consumir un destilado de malta o malta fermentada. De frente a la estantería de botellas, escucho las reseñas o lo que me puedo encontrar en esas bebidas departe del vendedor, veo los precios y dentro de mi cabeza pienso: “¿cuántos libros me podría comprar con eso?”. Si llena mi curiosidad, me animo o si hay un buen pretexto para compartir con un familiar o un buen amigo.

Total, que regresando a aquella noche, saque una de las botellas de whisky (espero que Whisky no se haya molestado, ja ja ja, es un chiste), un par de vasos con hielo y lo servi mientras repasaba los libros para elegir uno y darle a la lectura de lleno. Seleccione el más pequeño, se titula “La risa, la mejor medicina” de Robert Holden. Me interesó cuando dijo que en un lugar de Estados Unidos constituyó una clínica para la risa. Un centro donde se utilizan métodos alternativos para mejorar el estado de salud. ¿Chantaje? No lo sé. Seguí leyendo. Me termine involucrando en una lectura personal, con “citas citables”, e información que prácticamente se encuentra en cualquier revista de modas, memes en redes sociales y algo de cultura general, con la diferencia de que menciona sus fuentes. Sí, fue el tema el que me cautivo: la Risa.

¿Cómo fue que llegó el libro a la casa? Casi puedo recordar cada libro y cómo llegó pero éste no. La respuesta está en esa noche mientras decidía qué leer. Llegó mi esposa y le prepare su bebida, ella me recordó que por recomendación médica habría de abstenerse de consumir alcohol. Eso disminuyó notablemente mi apetito, la verdad es que disfruto mucho compartir con ella lo que me gusta. Lo hago hasta donde es posible, hasta donde ella se siente interesada, hasta donde yo me doy cuenta. La lectura misma, antes ella no era muy fan de leer, es más, consideraba un gasto excesivo lo que yo invertía, y cómo ha sido la vida que ella fue quien compró ese libro y no lo ha leído porque tiene otros que le llamaron más la atención, justo lo que le extrañaba en mi. Ella es mi vivo ejemplo que de los gustos, las ideas o hábitos por más bienintencionados que sean no se puede obligar, chantajear o forzar a vivirlos, siendo sinceros, ni se necesita. La palabra misma seduce, como la música o cualquier arte, si un gusto, una idea o un hábito no genera intereses simple y sencillamente no es el tiempo indicado para vivirlo en esa persona adulta que cuenta con la libertad de elegir lo que más le parezca, ya llegará… o quizá no.

Disfrute tanto el libro porque me recordaba la importancia de la risa en el día a día. No exagero, la prueba es sencilla, uno mismo puede palpar lo bien que nos hace sentir reírnos aunque para ello implique gustos y en gustos se rompen géneros. Son el tipo de cosas que me siento bendecido de tener a mi lado a mi esposa que desde que despierta hasta que se duerme me regala su hermosa sonrisa… y la compañía de su bella presencia, con todo lo que ello implica.

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Nadie supo nada

3340705588_ee386563ffMi colección de libros es como un tesoro para mí. Cada uno tiene un valor especial por el contenido, el tipo de ejemplar o por la historia en cómo llego a mis manos. Comentario aparte merece que mucho influyen las personas que se relacionaron en el libro o la lectura. Sin embargo, no deja de ser un alterón de hojas de papel muertas, secas y añejándose…

Una vez, me pidieron uno prestado. Lo dude, me relaje y lo hice, total ¿qué puede pasar?, bueno, que accidentalmente cayó en una cubeta llena de agua… lo intento rescatar con rapidez pero el daño estaba hecho, le paso la secadora de cabello, le dio un par de mimos pero, bueno, parecía cabecita de perrito French poodle. Ni modo. Con mucha pena, a modo de resarcir el daño y algo de creatividad, me regaló un libro. Curiosamente, contento tome ambos ejemplares, hoy les hablare del regalado.

Escrito por Jorge Fernández Menéndez, quien es periodista, escritor y conductor de la tercera emisión de noticias en la estación Imagen Informativa, el texto resulto ser la narrativa de un suceso que conmociono a la sociedad de mi tierra regia por allá de 1973, precisamente una mañana de septiembre, donde un grupo armando en un intento de secuestro dio muerte al empresario Eugenio Garza Sada.

img_20161126_113129848_hdrHistorias sobre su vida hay muchas, entre ellas ser el líder en la fundación del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, presidente del corporativo Valores Industriales, que giraban en torno a la Cervecería Cuauhtémoc, incluida la misma, donde se cuenta, a la hora de comida se formaba por su plato como un empleado más sin miramientos ni pretensiones altaneras. Obvio, su deceso fue una tragedia en la sociedad.

El libro nos narra los acontecimientos basado en investigaciones periodistas, periciales y reportes de los departamentos de justicia. Además, cuenta con entrevistas recabadas de diversos medios. Poniendo el dedo en la llaga en la información que poseía el Gobierno antes de lo ocurrido. Con la experiencia en medios de comunicación, los vaivenes de todo el país y los datos conseguidos, suena interesante su voz de indignación. El mismo título es una ironía que duele, suspira y grita: “Nadie supo Nada. La verdadera historia del asesinato de Eugenio Garza Sada”. La verdad es que aporta mucha luz sobre los movimientos rebeldes de esos años, la llamada “guerra sucia”, los conflictos entre los Empresarios, el Clero y el Gobierno, las distintas posturas en Educación, visiones de Estado, los Izquierdistas, los Comunistas y demás facciones que componían el manejo político de un México efervescente.

Como parte de la historia de mi país, de la tierra que piso con regularidad, ¡vaya! hasta una avenida en honor a Garza Sada lleva su nombre, me pareció interesante el libro, aunque en afán a no dejar cabos sueltos, hay datos que se mencionan de manera repetitiva. Si alguien ya lo ha leído o conoce del tema, sería un placer que nos comentara algo que nos nutra en el tema, hasta la próxima.